La vida se bifurca en muchos caminos, a veces tenemos claro cual de ellos escoger, otras veces estamos tan perdidas que ni siquiera podemos identificar lo que anhelamos, o quizás sí lo sabemos pero no encontramos la manera de alcanzarlo.
En ocasiones contamos con muchas expectativas y sabemos la manera de llegar a ellas pero por una u otra razón las circunstancias no nos acompañan como quisiéramos… y entonces… ¿qué hacer?
Todo esto nos lleva a la sin razón, a la impotencia y en muchos casos a abandonar aquello por lo que hace un tiempo queríamos luchar, ese es justo el momento en el que ya nos da igual seguir un camino u otro, una señal clara o difusa, sólo queremos permanecer en la más absoluta tranquilidad y con eso nos vale.
A lo mejor es ésta una postura cómoda, pero si no hay incentivos que generen esa curiosidad por las cosas, esa confianza en que “está vez sí saldrá bien”… entonces, es muy difícil mantener la esperanza de conseguir esos logros que un día nos propusimos.
Esta podría ser una buena declaración de principios pesimistas…. aunque al igual que no se puede entender la alegría sin momentos de tristeza, creo que tampoco podríamos en ocasiones ver las cosas de color de rosa sin unas gotas de pesimismo momentáneo.
Y este es mi momento, mi momento de “protesta pesimista”, y me baso en una máxima para mi imprescindible: “El pesimista que protesta y se defiende no puede ser pesimista”… bien, pues busquémosle otro nombre…
